Ein Rosakakadu in der Freiflugvoliere Katandra. | Foto: zoos.media

Porqué los animales del zoológico no viven en cautividad

Exclusiva para zoos.media, 10/05/2017. Autor: Philipp J. Kroiß

¿Viven como prisioneros los animales del zoo? Este artículo trata de aclarar hasta qué punto es correcto aplicar este término en los zoológicos modernos y esclarece los motivos.

Porqué los animales del zoológico no viven en cautividad

Die weitläufige und naturnahe Anlage für Brillenbären im Zoo Duisburg | Foto: zoos.media

A menudo, los enemigos de los zoológicos utilizan la expresión «en cautividad» para atacar a los zoológicos. Pero también muchos amigos de los zoos la usan aún por pura costumbre.
Surgió inicialmente en una época en que, para los espectadores, los zoológicos realmente parecían cárceles: eran espacios embaldosados con barras de hierro delante. Estas instalaciones fueron desapareciendo poco a poco y hace décadas que cambió la imagen de los zoológicos modernos. La imagen del cautiverio ya no se corresponde con los zoológicos actuales.

Hoy en día los zoológicos no son meros escaparates de animales salvajes sino que se han convertido en una embajada para los propios animales, sus distintas especies y sus hábitats.  Son importantes actores para la protección de la naturaleza, que además promueven la educación ambiental de manera activa. Esto hace de ellos instituciones irreemplazables, que serán urgentemente necesarias en la sexta extinción masiva de especies („sixth extinction“), para poder proteger por completo la vida en la naturaleza.

Las bases del cautiverio

Bonobo im Zoo. | Foto: Psych USD, Lizenz: CC BY-SA 3.0

A modo de aclaración, el cautiverio supone una limitación de las posibles opciones en perjuicio del receptor. El residente de una prisión está recluido como castigo por haber causado algún perjuicio. Estos perjuicios conllevan la limitación del espacio de actuación y la determinación de ciertas áreas de la vida, el preso ya no es «libre». Como puede comprobarse, el preso lo ve como un inconveniente y en esta experiencia encuentra el castigo previsto.

Por eso podemos identificar dos características del cautiverio:

  1. Limitación de posibles opciones
  2. Perjuicio para el receptor

Libertad de los animales

La premisa de que alguien es «encarcelado» tiene que ver con un concepto de libertad.

El entorno de los animales «libres» viene determinado, en su mayor medida, por la influencia de otros seres vivos y las condiciones naturales. Una orca, que pasa la mayor parte del tiempo buscando los peces que necesita para sobrevivir, no experimenta la libertad. Ella no ha decidido estar constantemente buscando alimento sino que no tiene elección, debe hacerlo así o de lo contrario morirá. Una situación totalmente distinta es que un ciudadano tenga como hobby ir temprano al estanque a pescar los fines de semana.

Orcaweibchen Skyla am Unterwasserfenster. | Foto: zoos.media, Lizenz: Erlaubnis des Fotografen

En contraste con los comportamientos, los límites en la naturaleza son, en su mayoría, invisibles. El campo de acción de los animales en la naturaleza no depende del bienestar sino de la lucha por la supervivencia. El campo de acción viene determinado por factores como la disponibilidad de alimentos, la existencia de enemigos naturales y otros, determinados en su mayoría por las condiciones de la naturaleza tras la intervención del hombre. El hombre ha logrado acabar con muchos de estos factores que lo limitaban. Los ciudadanos no piensan en salir a buscar alimento, simplemente se dirigen al supermercado más cercano y resuelven, en media hora, lo que una orca tarda en resolver varias horas al día. Debajo del mar las orcas no tienen coches, ni pescaderías donde poder encontrar todo lo necesario y más para el día a día.

No hay libertad en el horizonte de vida de los animales salvajes, y nada parece indicar que aspiren a ella o tengan idea alguna de lo que es. La Asociación de Parques Zoológicos (VdZ) aclara lo siguiente: «Los animales no tienen necesidad de libertad. Básicamente, también en la naturaleza están muy limitados. Los motivos podemos encontrarlos (en comparación con las personas) en el grado de cerebralización, así como en factores endógenos y exógenos. Los animales que se encuentran bajo el cuidado del hombre necesitan, en cualquier caso, vivir en recintos montados y pensados para cubrir sus necesidades básicas y aptos para su conducta.

Limitaciones de espacio en el Zoo

Es evidente que muchos animales gozan de menos campo de acción en el zoo que en la naturaleza. No constituye una desventaja para el animal, ya que en la mayoría de los casos no es voluntario, sino obligado, desplazarse a kilómetros de distancia en la naturaleza. Por eso, una orca puede vivir en un campo de acción menor, sin que ello suponga una desventaja para el animal. Aquí recibe el pescado que necesita para vivir y ya no debe realizar grandes esfuerzos para conseguirlo, un hecho del que, dicho sea de paso, también gozan la mayoría de las personas.  Además, la calidad de los alimentos del zoológico es bastante mejor, ya que el elevado nivel de contaminación empeora notablemente la calidad del pescado de muchos de los terrenos de caza donde van sus congéneres. Los zoológicos tienen la posibilidad de ofrecer pescado con un bajo nivel de contaminación.

Der Kölner Elefantenpark von oben (2004) | Foto: Flight over Cologne, Lizenz: CC BY-SA 2.0

Estos principios también se aplican a otros animales. El parque de elefantes de Colonia, por ejemplo, fue creado de manera seminatural y se construyó teniendo en cuenta las necesidades de los animales bajo el cuidado del hombre. Esto no quiere decir que imite el campo de acción de la vida salvaje de los elefantes, porque ninguno de los elefantes del zoo se ve obligado a tener tanto espacio como sus congéneres salvajes. No es la diversión lo que induce a los animales a realizar viajes de larga distancia.

El cuidado de los animales del zoo requiere un compromiso en el sentido de los animales. Los zoológicos modernos ofrecen a los animales recintos orientados a lo que necesitan bajo el cuidado humano y no a las condiciones a las que se ven obligados en la naturaleza. La limitación del espacio en los zoológicos no perjudica al animal.

¿Reclusión?

Ein Trainer küsst einen Großen Tümmler in der Delphinlagune des Loro Parque | Foto: zoos.media

En la cárcel también se permite a los reclusos (sobre) vivir fuera. Para muchos de los animales del zoológico eso no es una posibilidad. Los animales nacidos en el zoo no tendrían posibilidad de sobrevivir en la naturaleza porque no han adquirido las habilidades esenciales de supervivencia. Un ejemplo de ello son los delfines. Nadie ha podido enseñar a cazar en grupo a un animal del zoo, es algo que hasta ahora no ha sido posible conseguir. Incluso cuando se trata de animales rescatados, el animal podría no haber aprendido habilidades esenciales para la vida en libertad o, haberla perdido por una enfermedad, lo que sería un motivo para no poder reintroducir al animal, o podría estar demasiado vinculado al hombre.
¿Se les ha quitado entonces la posibilidad de ser reintroducidos y de ser libres? No, porque en ese caso la «libertad» no es una opción posible para ese animal. No tienen ninguna otra posibilidad, lo que los diferencia de los prisioneros.

Reintroducción

Przewalski-Pferde | Foto: Ancalagon, Lizenz: CC BY-SA 1.0

Los proyectos de reintroducción son usados en parte también por los detractores de los zoológicos en contra los zoos. Utilizan las reintroducciones que salen bien como demostración de que los animales no tienen por qué vivir en los zoos, sino que también podrían ser liberados. Pero en la realidad reintroducir a un animal no es algo tan sencillo y es algo que se debe valorar en cada caso individual.

Para que un animal pueda ser puesto en libertad es necesario evaluar sus capacidades. Lo que puede funcionar para un animal no significa que pueda funcionar también en todos los de su especie.

Los proyectos de reintroducción sirven además a los proyectos de conservación de especies y de la naturaleza. Sólo funcionan en poblaciones estables al cuidado del hombre. Aquel ecosistema donde se vaya a liberar al animal no debe tener un número muy alto de ejemplares, sino que debe haber espacio suficiente para todos los animales. Las zonas protegidas superpobladas no son aptas para la conservación de las especies y la naturaleza.

Der Schwarzfußiltis (Mustela nigripes) wurde auch durch die Arbeit von Zoos gerettet. | Foto: Kimberly Fraser / USFWS Mountain-Prairie, Lizenz: CC BY 2.0

La mayor parte de los animales que podemos encontrar en los zoológicos están amenazados y muestran un estado que unas veces es mejor y otras peor. Se debe considerar si es adecuado o no la reintroducción de un animal, dependiendo del nivel de riesgo. Aunque en la actualidad no sea necesaria o posible la reintroducción, es importante que el zoo mantenga las conocidas como «poblaciones de reserva» por si fuera necesario ampliar la biodiversidad.

Incluso sin tener la posibilidad de ser reintroducidos, los animales pueden actuar como embajadores de su especie en el campo de la educación y la investigación para la protección activa de sus congéneres salvajes. Los animales de los zoológicos no son prisioneros de su especie, sino que más bien son los embajadores que acercan a su especie y/o su hábitat a una sociedad que cada vez está más alejada de ellos. Estos animales son tratados con amor y respeto, algo con lo que un preso ni siquiera puede soñar.

Conclusión

Für ihn sind Korallen lebenswichtig: Barriereriff-Anemonenfisch (Amphiprion akindynos) – Pixie Garden, Ribbon Reefs, Great Barrier Reef, 2005. | Foto: Richard Ling (www.rling.com), Lizenz: CC BY-SA 2.0

El cuidado profesado a los animales en el zoo no se corresponde con la definición de cautiverio. Los animales no son prisioneros de los zoológicos, sino embajadores de su especie que, bajo sus circunstancias, no podrían vivir en la naturaleza, o que no pueden ser reintroducidos porque no existe un espacio adecuado para su bienestar o para el bienestar del ecosistema.

En un sociedad alejada de la naturaleza, y ante la sexta extinción masiva de las especies, los zoológicos son importantes embajadas de la vida salvaje, ya que fomentan la protección de la naturaleza a distintos niveles. Si no existieran, habría que inventarlos.